Los pisos turísticos y Airbnb son criticados con dureza con argumentos poco consistentes

Los pisos turísticos comienzan a ser criticados por ciertos sectores. AIrbnb “destruye los barrios” según V.Navarro.

La economía colaborativa es un concepto que no lleva mucho tiempo entre nosotros pero que parece que tiende a convertirse en una nueva forma de entender las relaciones comerciales y donde las ganancias se reparten entre muy pocos agentes, en contraposición a la economía tradicional que suele distribuir las plusvalías entre varios, a saber: distribuidores, productores y demás intermediarios.

Pero centremos el tema, lo que queremos debatir en este artículo es el tema de los pisos turísticos y el porqué algunos sectores, instituciones y conocidos economistas comienzan a dudar de su bondad.

Critican los pisos turísticos con argumentos poco consistentes

Los pisos turísticos se basan en un concepto muy sencillo: una persona dueña de un inmueble lo decide alquilar por un corto periodo de tiempo a un tercero (generalmente un turista de paso). Y para ello, una empresa intermediaria, entre las que Airbnb es una de las más conocidas, pone en contacto al arrendador y al “arrendatario” o turista. A este tipo de intercambios es a lo que se llama economía colaborativa y la puedes ver también en otros sectores como en el del alquiler de vehículos.

pisos turísticos

El problema es que para ciertas personas, y no sólo para el sector hotelero, el alquiler de pisos turísticos no parece resultarles buena idea. Si las quejas procediesen sólo de la hostelería probablemente algunos muy sesgados ideológicamente hacia la izquierda no dirían nada, pero como la queja procede de la “gente”, la reivindicación adquiere tintes sociales y todo el mundo empieza a opinar.

En un reciente artículo que publicó Vicent Navarro se leían una serie de argumentos en contra del alquiler turístico que nos gustaría discutir aquí, porque creemos que no han sido bien meditados y mucho menos contrastados con la realidad, y además, están cargados de una ideología que empieza ser demasiado dañina para la sociedad en general, una ideología basada en la dictadura del pensamiento único, uno dice una cosa y todos la copian, le ponen una bandera y la defienden como la verdad inmutable.

Veamos algunos de los argumentos que V.Navarro utiliza para criticar el fenómeno de los pisos turísticos y defender así una iniciativa del gobierno municipal de Barcelona:

Primer argumento: “En primer lugar, la existencia de tales pisos significa una gran molestia para las fincas y para los barrios donde existen estos pisos turísticos” este argumento se basa en la idea de que el turista rompe la cohesión y espíritu comunitario del lugar.

Este razonamiento es muy poco consistente ya que en primer lugar, si lo tomásemos al pie de la letra, todos los centros de las ciudades históricas deberían cerrarse al turista ya que su presencia desvirtúa la identidad de los barrios, algo que es totalmente falso (sólo hay que pensar en Roma). Más bien la identidad del lugar se transforma hacia algo diferente, y no deberíamos tenerle miedo a los cambios. Si adoptásemos este argumento como válido, el seño Navarro tendría que criticar la aparición de barrios como Chueca, que transformaron su identidad en pocos años.

Segundo argumento: El segundo argumento carece nuevamente de consistencia, ya que se relaciona el hecho de que estos pisos no estén registrados como actividad comercial y por lo tanto la hacienda pública no pueda fiscalizar los ingresos de los arrendadores, con la destrucción de los barrios. Si el problema de este tipo de economía colaborativa es su falta de regulación, en todo caso que se regule, pero que no se utilice esto como argumento para prohibirla, porque realmente suena a escusa simplona y a una táctica consistente en buscar argumentos populistas para crear opinión.

Tercer argumento: La existencia de pisos de alquiler disminuye la oferta de pisos de alquiler para la gente normal, disparándose los precios de los alquileres. No vamos a caer en la tentación de preguntar que se entiende por gente normal, (los turistas deben ser anormales), sólo decir que empieza a resultar cansino el uso de nuevos conceptos, etiquetas y palabras para diferenciar a distintos grupos sociales.

Un nuevo argumento cargado de ideología barata. Desde hace varias décadas los centros de la ciudad están sufriendo el fenómeno de la “gentrificación”, y se le puede echar la culpa a muchos factores pero lo que no se puede hacer es solucionarlo prohibiendo o coaccionado a nadie, ni a propietarios de inmuebles, ni a ciudadanos, ni a empresas, ni mucho menos a un fenómeno concreto como el piso turístico

En una segunda parte del artículo escrito por Vicent Navarro se enumeran una serie de ciudades que han tomado medidas contra los pisos turísticos para defender la calidad de vida de los vecinos y la identidad de los barrios. No vamos a repetir lo dicho anteriormente, pero en mi humilde opinión el concepto de identidad de un barrio se utiliza con demasiada ligereza como justificación a un problema muchísimo más sencillo y que luego intentaré exponer brevemente.

La tercera parte del artículo merece una mención aparte porque, sinceramente, lo que se espera de un intelectual es un razonamiento bien construido y contrastado y no recurrir a un argumento comodín que parece metido con calzador. Es como si una persona un día descubre que la tierra es redonda y a partir de hay todo lo explica bajo esa premisa.

Señor Navarro, si se quiere estudiar el fenómeno de los pisos turísticos se puede hacer desde múltiples visiones, a ser posible lo más objetivas posibles, pero por favor, no lo mezclemos con el partidismo y la ideología política que todos sabemos esta demasiado atada de pies y manos.  

Cuando hablamos de ciudad deberíamos abrir nuestra mente lo máximo posible y olvidarnos de colores políticos. Porque en la ciudad vivimos todos: ricos, pobres, rojos y azules, turistas y gente “normal y corriente”, comerciantes y clientes de los comerciantes, empresas hoteleras y personas que buscan obtener un ingreso extra alquilando su casa a turistas, la ciudad no es el cortijo de un grupo concreto, ni tan siquiera un barrio puede ser propiedad de sus vecinos.

Es muy fácil de entender de donde procede el rechazo de los barrios a los pisos turísticos, porque todos, comenzando por la escala espacial más insignificante (el banco del parque donde nos sentamos un rato a descansar), nos sentimos amenazados cuando un tercero invade nuestro territorio, en el mejor de los casos, tardamos un tiempo en adaptarnos y a lo peor lo echamos con malos modos. Y esta el razón del rechazo a los pisos turísticos, ya que ciertos barrios se ven invadidos por extraños que no afianzan ningún lazo social con los vecinos, produciendo por parte de estos un rechazo natural al ver amenazado no sólo su espacio territorial, sino su propia identidad como barrio. Da lo mismo que los nuevos inquilinos sean turistas, extranjeros o un colectivo homosexual, los habitantes de cualquier barrio se sentirían amenazados ante la llegada de cualquier extraño.

Los políticos no tienen más remedio que conjugar cientos de intereses, pero lo intelectuales no pueden caer en banalidades tan simplonas, porque al final dejan de ser pensadores para convertirse en políticos y su opinión deja de tener peso. No se ofenda señor Navarro, pero a mi me gustaba leer sus artículos hace algunos años, pero ahora no dejan de ser panfletos propagandísticos con un línea oficial muy descarada.