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Ponle precio a todo

victoria Arquitecto
Dic 09, 2013
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Ponle precio a todo. La sociedad y el mercado actual convierte la vida cotidiana en pequeños nichos de mercado

Ponle precio a todo. Este artículo nace de la lectura de un libro escrito por Michel J.Sandel titulado lo que el dinero no puede comprar. M.Sandel es un filósofo político  que nos ofrece en su libro una reflexión con ejemplos muy curiosos de  como el mercado ha convertido cualquier acto de la vida cotidiana en una mercancía intercambiable por dinero.


Ponle precio a todo. La sociedad y el mercado actual convierte la vida cotidiana en pequeños nichos de mercado

“El alcance de los mercados, y del pensamiento orientado hacia el mercado, a aspectos de la vida tradicionalmente gobernados por normas que no son del mercado es uno de los desarrollos más importantes de nuestros tiempos”

El libro pone de manifiesto como la sociedad actual y el modelo económico dominante ha ido paulatinamente eliminado toda una serie compleja de normas no escritas que se basaban en las relaciones de confianza entre las personas, normas que proceden de una tradición social en la que el comercio y el mercadeo tenia perfectamente acotados sus límites, lo que se traducía en la práctica en relaciones de intercambio de servicios y productos sin necesidad de asignar un valor monetario a la transacción, por lo menos en la práctica. ¿Os imagináis tener que pagar por tener derecho a colocarte en una cola? ¿O por pedirle a alguien que te ayude a subir un carro de la compra por unas escaleras?

Ponle precio a todo. Todo tiene un precio, o eso es  lo que nos vende el sistema socio-económico actual. Y si todo tiene un precio, es un derecho e incluso una obligación que tú como ciudadano intentes sacar el mayor provecho a cualquier cosa, así somos educados.

Le puedes poner precio a todo. A modo de reflexión curiosa veamos algunos ejemplos que confirman esta tendencia actual que convierte las relaciones sociales en una transacción económica.

-Pagar por tener que ir al baño en sitios públicos. Esta costumbre esta muy extendida por los países occidentales. Aunque no se trata de algo nuevo, lo cierto es que la razón por la que se decidía corar a la gente por ir al baño ha cambiado. Si antes se trataba de una sencilla forma de poder pagar a las personas que se encargaban de limpiarlo en espacios públicos, ahora es una fuente de ingresos más. Existen sitios gestionados por grandes empresas cuyos gastos pueden absorber perfectamente este servicio, sin embargo, lo cobran valiéndose de la compasión de las personas que al entrar en el aseo ven como hay una persona que recibe una pequeña cantidad que complementa su sueldo, cuando en realidad dicho salario debería ser un coste más de la empresa.

-El derecho a contaminar. La acción de contaminar es un acto que afecta al bien común, es decir, si alguien contamina en el proceso de un producto exclusivo, por ejemplo, hacer un coche deportivo cuya fabricación supone un alto consumo de materias primas y una alta emisión de CO2, el único beneficiario va a ser una única persona (aquella que usa el deportivo) mientras que  las consecuencias las paga el resto de la sociedad. Sin embargo, hemos puesto precio a este incuantificable daño social y podemos comprar el derecho a emitir CO2 a la atmósfera.

-Las cacerías de animales exóticos. ¿Por qué, si existen animales en peligro de extinción, se puede comprar el derecho a matarlos?

El problema de la sociedad actual es que cada vez existen menos límites a la cuestión de ponerle precio a todo, la educación que recibimos desde pequeños nos legitima a buscar cualquier medio para buscar un beneficio económico. Al final convertimos el proceso de ganar dinero en el único fin de nuestra existencia.

Los ejemplos que hoy vemos como algo normal, nos hubiesen resultado inaceptables hace unas décadas, por ejemplo, el fenómeno de las colas, del que M. J. Sandel también habla en su libro: lo que el dinero no puede comprar.

Hace algunos años, cuando esperábamos en una cola lo hacíamos de manera sumisa, aceptando que era nuestro deber hacerlo como cívicos ciudadanos. Sin embargo, hoy en día se ha comercializado ese deber y no es extraño encontrar lugares dónde puedes librarte de una cola pagando más dinero. ¿Dónde esta el límite?

Por ejemplo, hace poco fui a un parque de atracciones  y me encontré con la posibilidad de poder líbrame de las largas colas a cambio de pagar un suplemento en mi entrada de 20€. Quizás algunos puedan pensar que no es tan grave pagar por querer librarte de una cola, Pero, ¿Qué sucede si la cola es para poder hacer una mamografía en un hospital privado? ¿Serías consciente de que el hecho de que tu te adelantes en la cola hace que otras personas tengan que esperar más tiempo para poder hacerse la mamografía? Seriamos capaces de valorar las consecuencias de esta práctica, que sin duda, puede causar la muerte de otras personas. 

Puedes comprar aquí el libro de M j.Sandel: Lo que el dinero no puede comprar: Los límites morales del mercado (DEBATE)

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victoria
Arquitecto
Soy una persona apasionada por la arquitectura y la ciudad

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