Los pazos gallegos

El pazo Gallego. El pazo gallego tiene su origen en el palatium latino, aparece desde el siglo XIII en poemas galaico portugueses y en documentos notariales desde principios del siglo XVI. Según Martínez Barbeito, en la antigua monarquía astur leonesa, el palatium era no sólo la morada del rey sino también la curia regis y, más ampliamente, la corte.

Los pazos gallegos. Descripción de esta tipología edificativa característica de tierras gallegas

Esta idea define el pazo no sólo como una mansión solariega, sino como un lugar con potestad jurídica sobre los demás. Martínez Barbeito añade: abundando en la misma idea, es obligatorio recordar que era frecuente que la casa de audiencia o juzgado en que se administraba justicia en nombre del rey o del señor de la tierra se denominase por antonomasia pazo,  al igual que los pazos residenciales.

Los pazos gallegos. Descripción de esta tipología edificativa característica de tierras gallegas

En términos coloquiales, podemos entender por pazo aquella casa situada en una explotación agrícola y que era residencia habitual del noble propietario que domina las tierras de alrededor. El pazo  surge como una representación del poder del señor que domina una extensa zona de territorio, aunque también su origen se debe a la necesidad de seguridad, qué hacía que las gentes se trasladasen cerca de la protección de un señor o de una orden religiosa aumentando así el poder del propio pazo.

Los pazos gallegos. Descripción de esta tipología edificativa característica de tierras gallegas

Los primeros pazos y a la vez el primer tipo, tienen origen defensivo, aunque curiosamente en Galicia, los agresores son los vecinos próximos. A partir de la pacificación de los Reyes Católicos, y gracias a la mayor seguridad, florecen los pazos como residencia de grandes señores que pretenden mejorar su imagen social dando lugar al segundo tipo de pazo. Y por último existe un tercer tipo de pazo, que lo constituyen las casas de labor más o menos humildes que tras varias generaciones y alianzas matrimoniales van acumulando cierta riqueza hasta convertirse en pazos.

De esa primera idea original como elemento defensivo, los pazos han heredado las torres almenadas y las aspilleras de la planta baja, a medida que el pazo pierde su carácter defensivo, estas piezas quedan como elementos de decoración. Aunque a veces también pueden llegar a servir como lugar alto desde el que controlar toda la finca del señor.

Algunos autores distinguen también entre pazos de costa y pazos de interior, la bonanza climática de las primeros y las condiciones más duras de los segundos se reflejan en los aspectos más o menos abiertos de los pazos. También hay quien distingue los pazos dependiendo de su localización geografía, y así describen a los Pazos de La Coruña como más modestos, los plazos de Pontevedra más espectaculares  y los de Orense más solemnes.

La forma  de los pazos suele definirse por una planta cuadrada o rectangular en algunos casos, al que poco a poco se van añadiendo distintas piezas dependiendo de la riqueza del dueño. La planta cuadrada o rectangular es la que mejor nos protege de las inclemencias del tiempo y es la más efectiva desde el punto de vista energético.

Sin duda alguna, lo que más destaca de los pazos es su carácter señorial y su fachada, fachada rematada generalmente con torres y los escudos de la familia. Normalmente los pazos tienen dos plantas y un desván, las alturas tienen que ser reducidas para facilitar el calentamiento de las piezas de la habitación, de hecho,  las estancias vivideras como el salón se encontraban en las zonas más cálidas del pazo que eran las plantas superiores. Al este y al sur, las mejores orientaciones del clima Gallego, aparecen las solanas y las galerías acristaladas, que protegen de la lluvia y ayudan a calentar los espacios interiores gracias al efecto invernadero.

La mayoría de los pazos están construidos a partir de grandes muros  de piedra de la zona, aunque en casos de zonas más pobres también aparecen los muros de ladrillo. El castaño y el roble se utiliza para las vigas, las estructuras de cubierta y los revestimientos interiores, sobre todo los suelos, lo que hace muy característico el sonido de las tarimas al crujir ante el paso de las personas. Las cubiertas se tapaban generalmente con teja, aunque en algunas zonas orientales  se cubren con pizarra.

Dice el refrán: palomar, capilla, ciprés, pazo es. Por que lo cierto es que muchos pazos tienen anexionadas pequeñas capillas, edificaciones exentas a menudo en los muros de cierre.

®redactado por equipo editorial de arquitectura.vilssa

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